El 16 de marzo se cumplieron tres años de la inauguración del Centro de Interpretación Ambiental y Tecnológico (CIAT), en Tafí Viejo, la primera planta de reciclaje de residuos de la provincia y única en su tipo en el interior del país. En ese complejo se clasifican, reciclan y reutilizan casi medio centenar de productos desechados, entre plásticos, metales ferrosos y no ferrosos, celulosas, cartón y vidrios.

Durante el primer año, 2018, se procesaron 30 toneladas mensuales de residuos. En 2020 se llegó a 130 toneladas, y el objetivo para este año, según anunciaron las autoridades municipales, es alcanzar las 250 toneladas por mes. Esto involucra, además, incrementar los puestos de trabajo. El CIAT comenzó a operar con 42 trabajadores, en la actualidad hay 210 operarios y con la expansión estiman llegar a 250 personas, entre los que se desempeñan en la planta y los que trabajan en logística.

El 50% de los materiales que llegan a planta provienen de grandes generadores (restaurantes, supermercados, comercios) del territorio taficeño y de ciudades como capital, Yerba Buena, Lules y comunas cercanas.

Además de la separación y procesamiento de medio centenar de residuos secos urbanos ahora se sumó un nuevo desafío: la elaboración de materiales de construcción. Se comenzó con la producción de bloques hechos con arena, plástico molido, telgopor y cemento. Durante la primera semana de elaboración se hicieron 1.200 bloques, que serán destinados a hacer un nuevo galpón para la planta, que ocupa un predio de cinco hectáreas. La iniciativa también contempla transformar los envases de tetrabrik en chapas. El resultado obtenido es un excelente aislante térmico, no se rompe con el granizo y no se oxida. Reciclar dos toneladas de tetrabrik ahorra el equivalente a una tonelada de petróleo y reciclar un solo envase permite ahorrar el equivalente al consumo de un foco de luz durante una hora y media. Sin contar la reducción del volumen en el relleno sanitario y la minimización del impacto ambiental.

Además de su aporte ambiental, el CIAT implica un importante polo productivo y comercial, no sólo por la gente que emplea, sino porque comercializa los residuos separados y clasificados, lo que genera un importante ingreso al municipio. El primer año se comercializaron 314.902 kilos de residuos; el segundo, 549.127; y el tercero 831.178, lo que arrojó un total de 1.695.207 kilogramos. Otros 198.000 kilos fueron procesados, cedidos o donados y 246.000 están en procesamiento, aún no comercializados. El total comercializado en estos tres años es de 2,1 millones de kilos.

Además de la planta de separación y clasificación de residuos, en el complejo funcionan un “Aula Verde” para visitas educativas, una huerta y una planta donde se recicla el aceite vegetal. El tratamiento adecuado del aceite de cocina es una práctica cada vez más extendida en el mundo. Un litro de aceite usado puede contaminar cientos de litros de agua. Cuando se lo desecha por la bacha forma una película fina en las tuberías y complica la depuración del agua. Se recomienda esperar a que esté frío antes de tirarlo y usar papel de cocina para limpiar los restos de aceite que queden en ollas o sartenes. El resto se puede guardar en frascos herméticos, de ser posible, o también se puede reciclar para hacer ceras, velas, pinturas, barnices o jabones (en internet hay varios tutoriales). Y el sector energético puede generar biodiésel a partir del aceite vegetal usado.

El ejemplo del CIAT debería expandirse a otros municipios. Ya se demostró que es posible y en una provincia tan contaminada debería ser una prioridad.